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Guerra civil pdf completo

Saturday, June 15, 2019 admin Comments(0)

Que durante la Guerra Civil, el Presidente en la Guerra de Independencia de los Estados Unidos y en la Vea la película completa por sí mismo antes de. Download as PDF, TXT or read online from Scribd Sociedades en guerra civil es un libro multidisciplinar en el que colaboran historiadores, socilogos y politlogos. Las lites polticas establecidas estn por completo interesadas en aplicar. convertido en un tipo de “guerra civil continuada por otros medios”, lo cual tiene que ver con las . en el contexto de una guerra interna prolongada en una sociedad en la que lesforgesdessalles.info


Author: CANDYCE SAKUMA
Language: English, Spanish, Hindi
Country: Micronesia
Genre: Business & Career
Pages: 457
Published (Last): 06.06.2016
ISBN: 683-2-18778-215-6
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Key words:Africa, Liberia, civil war, armed conflict, war-economy, “new wars”, Palabras clave: África, Liberia, guerra civil, conflicto armado, economía de. Baixar Livro Guerra Civil - Marvel Vol 02 - Marvel Comics em PDF, ePub e. Visit. March .. 1: The Last Iron Fist Story #Complet Iron Fist. lesforgesdessalles.info 1 ✅ Civil War PDF Español; 2 ⚡ Civil War Evento Marvel Civil War (en español Guerra Civil) es un Comic en forma de crossover, la cual fue.

El argumento es que, mientras durante siglos se ha podido abordar parcialmente los episodios blicos internacionales, las guerras civiles no conocen ninguna limitacin y se llevan hasta el extremo. Mouffe, El retorno de lo poltico Bergalli y E. Laitin Universidad de Chicago. La violencia y sus agentes 3.

En el breve lapso de tiempo transcurrido entre y hubo no menos de 93 guerras, en las que murieron cinco millones y medio de seres humanos. La quiebra del imperio sovitico y el desmembramiento de Yugoslavia dieron origen a doce nuevas contiendas blicas. Schmid en la Universidad de Leiden, elabor un til esquema con tres categoras de conflictos violentos.

En primer lugar, aquellos conflictos violentos definidos como simples, que producen menos de vctimas mortales al ao; en segundo lugar, los conflictos violentos de baja intensidad, que cuestan anualmente la vida a entre y 1. A partir de esta clasificacin bsica se obtuvieron para los aos , y los resultados que ofrece el cuadro adjunto.

Conflictos violentos en el mundo segn categoras, Categoras de conflictos violentos Conflictos violentos de alta intensidad Conflictos violentos de baja intensidad Conflictos violentos simples Total 20 19 42 75 17 70 74 Alex P.

Schmid y Alex J. Como puede apreciarse, el cuadro revela un muy ligero descenso de los conflictos de alta intensidad durante los ltimos aos. Lo que contrasta con el significativo incremento de los tipos de conflicto violento que ocasionan un nmero ms reducido de vctimas mortales.

Es de suponer que, especialmente por lo que se refiere a los conflictos violentos caracteriza-.

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Esto nos lleva a preguntarnos, antes de continuar, qu es una guerra? II Segn una definicin que puede ser tenida ya como clsica, el trmino guerra se aplica a un determinado conflicto violento si ste rene tres caractersticas fundamentales. En el captulo con que uno de los compiladores contribuye a la primera parte del libro se explican detalladamente las dificultades que encuentra la aplicacin de tal concepto a las situaciones actuales de guerra civil.

Nos contentamos aqu con insistir en algunos puntos especialmente crticos. Por una parte, la aludida definicin refleja una poca en que predominaban las guerras internacionales. Ahora bien, la amplia mayora de los conflictos violentos contemporneos son luchas dentro de una nacin o un Estado que escapan en gran parte a delimitaciones precisas.

A veces cuesta incluso determinar si se trata de un conflicto interno o externo, porque ambos elementos confluyen en un nico escenario blico. Por otro lado, la mencionada definicin supone un cierto equilibrio mnimo entre los grupos armados enfrentados, exigencia que han planteado asimismo otros destacados autores.

Sin embargo, lo cierto es que, en gran parte de los actuales conflictos violentos, las bandas armadas o ejrcitos que pretenden un combate mutuo se enfrentan en realidad muy poco.

En cambio, buscan al adversario en la poblacin civil, a la que suelen oprimir y maltratrar sin escrpulos. Para los expertos que emplean la definicin elaborada por Istvan Kende, lo importante es la dimensin poltica o pblica de la guerra. Por eso. Temen que, si este criterio se omite, cualquier contienda entre actores individuales o colectivos pueda ser considerada una guerra. Sin embargo, en muchos de los pases donde existen actualmente conflictos armados, el Estado se encuentra en proceso de evidente disolucin y las tropas regulares ya no obedecen a las atoridades.

No hay menos de cuarenta ejrcitos privados en las regiones sur yeste del planeta. Pueden transformarse temporalmente en partidas de ladrones y criminales para reaparecer de nuevo en la escena pblica con proclamas y pretensiones de ndole poltica. Hace tiempo que, de alguna manera, hemos dejado atrs la poca en que el Estado, en lnea con los argumentos de Max Weber, reclamaba para s con xito monopolio de la coaccin fsica dentro de su propio territorio.

Dirase, por el contrario, que las delimitaciones clsicas entre diversas situaciones de conflicto armado se han difuminado. De hecho, si las cosas si-. Son conflictos armadoscuyamico rasgo inequvoco es la violencia misma. III Ms all de las dificultades existentes en la actualidad para delimitar unos conflictos violentos de otros, a los efectos de este volumen nos parece especialmente til distinguir cuand menos entre cuatro tipos de guerra.

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Introduccin 15 rgimen, o sea guerras civiles que tienen como finalidad la cada del gobierno establecido y un cambio profundo deiorden socioeconmico; en segut o ia--Tifi--,Tas guerras de secesin o desatadas con-u naiiiirdialunin o.

Este esqtitria, como cualquier otro. O, para tomar otro ejemplo, esta vez correspondiente al mbito latinoamericano, en la actividad armada de la organizacin Sendero Luminoso contra-elrgimen peruano no se han percibido qualmbin reminiscencias de una rebelin de la poblacin indgena contra los considerados pOr, significativos sectores de la misma como invasores blancos? Efectivamente, son muy raros los conflictos blicos que tienen una nica raz. Sin embargo, no es menos evidente que, por lo general, se observa en cualquiera de ellos una orientacin prevalente, ya sea la de transformar a fondo el orden socioeconmico existente, el afn de un grupo tnico por beneficiarse de ms derechos colectivos o disponer de un Estado propio, la rebelin contra un orden imperialista y un rgimen colonial que en el pasado se daba sobre todo en pases africanos y asiticos para haberse reproducido recientemente tambin en el rea otrora bajo dominio sovitico , o la competicin entre Estados por posiciones hegemnicas.

La ventaja de este esquema, al menos para nuestro libro, consiste en que permite una primera y sencilla clasificacin de los casos que son descritos y analizados en sus pginas. Dejando quiz de lado el de Israel, que es particularmente complicado, todos los otros casos caen dentro de las categoras primera y segunda apenas descritas.

Una mirada ms atenta permite tambin constatar que, con una sola excepcin, todos los conflictos violentos tratados que tienen lugar en Europa pertenecen a la. La excepcin se refiere a las guerras civiles clsicas, tanto en los Estados Unidos de Amrica como en Espaa, analizadas comparativamente por Walther Bernecker.

Es interesante notar que, en lo referido a esos dos casos, en la segunda mitad del siglo xix y la primera del xx, respectivamente, la situacin era justo la inversa: A pesar de que nos basemos en un concepto relativamente amplio de guerra civil, hay que admitir que no todos los casos tratados en este libro se inscriben plenamente en este tipo de conflicto violento de alta intensidad. En los casos de Israel y de Mxico, por ejemplo, se discute sobre el peligro de una posible guerra civil.

Sociedades en Guerra Civil - Waldmann

En la experiencia del Pas Vasco, que forma parte del anlisis comparado de David Laitin, tampoco puede hablarse de una guerra civil propiamente dicha, pues se trata de una actividad terrorista insurgente que las agencias estatales de seguridad han tratado de contener con mayor o menor efectividad a lo largo de un proceso de democratizacin. Una apreciacin similar vale, en trminos generales, para el conflicto violento en Irlanda del Norte que, segn Adrian Guelke y Rogelio Alonso, durante los treinta aos que ha durado slo hubo un momento concretamente en el ao cuando amenaz con transformarse en una guerra civil.

En el caso de Argentina, se pueden observar distintas expresiones de conflictividad violenta actividad guerrillera, terrorismo, represin estatal indiscriminada, vigilantismo que, si bien aisladamente no renen los requisitos de una guerra civil, tanto por su duracin como por el elevado nmero de vctimas mortales ocasionadas, pueden ser abordadas a modo de tales.

Aparte de los casos clsicos las guerras civiles en Espaa y en los Estados Unidos de Amrica , los ejemplos mas claros de guerra civil en el pleno sentido del trmino son, por lo que se refiere a otros captulos de este libro, los de Yugoslavia y Georgia, en el entorno europeo, as como Colombia y Per en el contexto latinoamericano.

En qu medida tiene, pues, sentido compilar en un solo volumen conflictos violentos tan aparentemente distintos cuyos escenarios son Europa y Amrica Latina? Tienen ambas regiones del mundo algo ms en comn que fuertes lazos culturales, idiomas que en parte se hablan a ambos lados del ocano, una porcin compartida de su pasado poltico y potentes vnculos econmicos? No se encuentran en una etapa de desarrollo demasiado distinta como para compararlas adecuadamente?

Creemos que, pese a todo ello, s tiene sentido. Al contemplar el mapa global de conflictos violentos actuales elaborado por Alex P. Jongman, al que nos hemos referido anteriormente, se pueden deducir dos cosas. Una es que ya no hay conflictos violentos de alta intensidad en la parte central y septen-. En lo que a Europa se refiere, prcticamente todos los conflictos armados, al margen de su alcance y magnitud, ocurren o han venido ocurriendo hasta muy recientemente en zonas perifricas de la regin: Estos tres ltimos casos revelan que, dentro del mbito europeo y durante los ltimos aos, es en el Este donde han tenido lugar las guerras civiles de mayor importancia.

La segunda observacin es que tambin en Amrica Latina son relativamente raros los conflictos violentos de alta intensidad, si se comparan con los acaecidos en frica y Asia. En una nota al final del libro trataremos de sacar algunas conclusiones referidas a los rasgos comunes y las diferencias entre tales conflictos violentos en uno y otro lado del Atlntico. Aqu nos contentamos con plantear el interrogante de si acaso las similitudes que se pueden constatar en lo que a la intensidad de los conflictos violentos se refiere tienen que ver con el hecho de que en ambos continentes las zonas afligidas por los mismos no estn entre las ms desarrolladas ni tampoco pertenecen a las menos, sino que corresponden a la semiperiferia, en el sentido conferido por Immanuel Wallerstein a dicho trmino.

IV El volumen est dividido en tres partes. La primera es de carcter genrico; la segunda se refiere principalmente a Europa; la tercera trata sobre Amrica Latina. A modo de conclusin, se ofrece precisamente una nota comparativa referida a ambas regiones del planeta. Conviene reiterar que, aun cuando este libro centra su atencin en el fenmeno de la guerra civil, se exploran tambin otras expresiones de conflictividad violenta. A tenor de lo argumentado en las pginas precedentes, resulta oportuno llevar a cabo un tratamiento ms flexible de tales fenmenos, en la medida en que se han desdibujado sus contornos a lo largo de las ltimas dcadas.

Los conflictos violentos siguen variando, sin embargo, por lo que se refiere a su intensidad, tal y como hemos sealado anteriormente. Tras esta breve introduccin, el libro inicia su primera parte con un ensayo de Peter Waldmann sobre el concepto de guerra civil. Ya hemos mencionado en esta introduccin algunas de las dificultades que surgen al aplicar la nocin clsica de guerra a las situaciones blicas de nuestro tiempo, tanto internas como internacionales.

Por eso, insistimos, se aboga en favor de una concepcin abierta y menos dogmtica en la definicin del trmino, as como en el estudio de las guerras civiles, el cual vendra as acompaado por el de otros conflictos violentos de cierta envergadura que no giran en torno a la conquista del Estado.

De cualquier modo, como fenmenos tpicos que caracterizan a las guerras civiles actuales, se destacan por una parte la figura del seor de la guerra, que vive de la guerra y para la guerra; por otra, la falta de reglas en la contienda armada.

El texto termina poniendo en duda la idea, muy extendida, de acuerdo con la cual las guerras civiles cumplen funciones histricas tales como la de contribuir a los procesos de construccin nacional o de construccin estatal. El segundo captulo se centra en el anlisis de las causas de los conflictos violentos nacionalistas, un tema ampliamente tratado y muy controvertido.

David Laitin, su autor, evita conscientemente recurrir a las grandes teoras cuya capacidad explicativa estima modesta y por ello busca interpretaciones alternativas investigando empricamente a fondo, es decir hasta la microestructura social. En concreto, casos como los del terrorismo nacionalista en el Pas Vasco y la guerra civil en Georgia. Se trata, por tanto, de casos correspondientes a dos contextos polticos, sociales, econmicos y culturales distintos, Espaa durante la transicin demcrtica a partir de la.

Su mtodo es una combinacin de comparaciones por similitud y por contraste. Los planteamientos del texto, basados entre otras en la teora de juegos y la de una cultura de violencia, no pueden ser resumidos en pocas palabras. Uno de sus resultados ms interesantes, que con firma observaciones similares de otros autores, es que para comenzar y mantener un conflicto nacionalista violento de cierta magnitud hace falta un sustrato de varones jvenes procedentes de mbitos rurales o de pequeas ciudades que econmica y mentalmente escapan al control pretendido por las autoridades centrales.

Mientras los estudios sobre las causas de los conflictos violentos internos constituyen un tema recurrente en la literatura especializada, sus consecuencias han sido relativamente poco exploradas. En el tercer captulo, asimismo de Peter Waldmann, dedicado precisamente a sta ltima cuestin, se distinguen las consecuencias inmediatas de las estructurales. Entre las primeras se encuentran los daos humanos y materiales, la subdivisin del territorio en varias zonas dominadas por distintas bandas armadas y los movimientos poblacionales de huida.

Estructuralmente son importantes el. El autor sostiene que la mayora de estos cambios se explican en atencin a la dinmica propia de la violencia. Una vez que sta escapa al estricto control poltico, tendera a invadir todos los sectores de la sociedad.

La ltima contribucin de esta primera parte del libro trata de cmo es posible detener situaciones de violencia generalizada y llegar a soluciones aceptadas por todas las partes en conflicto. Heinrich ICrumwiede, su autor, demuestra que la pacificacin no resulta nada fcil. Uno de los principales obstculos lo constituyen los grupos armados mismos que, acostumbrados a la guerra civil, viven mejor con ella que en ausencia de un conflicto violento.

El texto mantiene que es especialmente importante que los duros, los halcones que ms insisten en una solucin violenta del conflicto, lleguen a la conviccin de que eso ya no les sirve e incluso les acarrea desventajas. Las negociaciones, que indicaran as cierto cansancio de todas las partes ante el derrame continuado de sangre, prometen tener xito si se logra sentar a todos los actores del conflicto violento en una misma mesa y si se encuentran soluciones pragmticas para reintegrar en la sociedad a los miembros de los grupos armados insurgentes.

La segunda parte del libro empieza con una comparacin retrospectiva entre la guerra civil espaola y la guerra de secesin norteamericana , elaborada por Walther L. Es el nico captulo del volumen que analiza episodios de guerras civiles que ya pertenecen a un pasado ms o menos lejano. Muestra, de cualquier manera, que este tipo de enfrentamientos blicos internos ha cambiado de forma y de estructura a lo largo de los cinco ltimos decenios. Las experiencias descritas se parecen mucho ms a las guerras totales interestatales de la primera mitad del siglo que a los conflictos violentos de alta intensidad conocidos en nuestros das.

El autor no slo resume la evolucin en ambos casos sino que examina tambin si las partes victoriosas fueron capaces, una vez terminada la contienda, de lograr sus objetivos, y se interroga asimismo sobre el significado que tienen las guerras civiles en la memoria colectiva de las sociedades actuales. Llega a la conclusin de que, si bien los vencedores no tuvieron xito con sus proyectos sociales y polticos a largo plazo, ni en los Estados Unidos de Amrica ni en Espaa, tampoco los vencidos supieron extraer las oportunas lecciones de su derrota.

Con el artculo sobre la guerra civil de Yugoslavia, escrito por MarieJanine Calic, estamos ya plenamente inmersos en los conflictos violentos de nuestros das. Segn expone la autora, la disolucin del Estado lideraclo por Tito no empez con el derrumbe del orden socialista sino que tena distintos antecedentes previos.

Mientras que en las otras repblicas que constituan el Estado yugoslavo haba grupos tnicos claramente dominantes, la. Calle subraya que, al principio, en los tres grupos tnicos surgieron milicias, no tanto con el fin de conquistar territorio ajeno sino como mecanismo de autodefensa frente a eventuales agresiones.

Afirma tambin que, en contra de lo que suele pensarse, las llamadas limpiezas tnicas no slo constituan un mtodo serbio sino que eran un instrumento utilizado por los distintos grupos tnicos para crear las condiciones que hicieran factible un Estado nacional suficientemente homogneo.

El texto se muestra muy decepcionado con las intervenciones internacionales, que slo tuvieron algn efecto cuando se haba logrado ya cierto empate militar entre las fuerzas serbias de un lado y, del otro, la coalicin formada por croatas y musulmanes. Irlanda del Norte, el objeto del captulo que sigue, atraviesa por las vicisitudes de un proceso de paz, tras un conflicto violento de intensidad limitada pero notable que ha perdurado durante casi treinta aos.

La situacin aqu era dificil, debido a los numerosos actores colectivos implicados en la contienda. Aparte de los catlicos y de los protestantes del Ulster, que a su vez se subdividan en varios grupos moderados o radicales, formaban y forman parte del escenario del conflicto Gran Bretaa, la Repblica de Irlanda y en cierta medida tambin los descendientes de los inmigrados irlandeses que residen en los Estados Unidos.

Adrian Guelke y Rogelio Alonso, autores de este texto, resumen convenientemente la evolucin del contencioso norirlands en sus sucesivas etapas. As, se realiza un seguimiento de las cambiantes estrategias ideadas por el Irish Republican Army IRA, Ejrcito Republicano Irlands para lograr sus objetivos nacionalistas, as como tambin de los esfuerzos llevados a cabo por las autoridades britnicas para contener el conflicto y encontrar un arreglo aceptable por todas las partes enfrentadas.

Si este arreglo se ha hecho finalmente posible, ello se debe en primer lugar al cansancio de todos los sectores involucrados, pero sobre todo al hasto de la poblacin del Ulster, despus de una contienda intercomunitaria tan prolongada como quizs estril.

En la ltima contribucin correspondiente a la segunda parte del libro, cuyo autor es Uri Ben-Eliezer, no se trata de una guerra civil en curso sino de la que podra eventualmente estallar bajo ciertas condiciones.

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En contra de lo que pueda suponerse al leer superficialmente el ttulo de este captulo, la guerra civil que amenaza a la sociedad israeli no consiste en un enfrentamiento entre judos y palestinos, sino entre distintos sectores de la poblacin hebrea. El autor describe, as, cmo la imagen de una nacin en armas, que era el mito fundador del Estado de Israel, ha cedido paulatinamente en favor de una concepcin menos militarista y ms abierta de la sociedad, que se percibe a s misma con crecientes rasgos individualistas y.

Gran parte de la poblacin y tambin del ejrcito comparten esta nueva visin de las cosas, pero para una minora se trata de una traicin a la misin supuestamente asignada a los israeles: Esta minora, en la que sobresalen los colonos asentados en los territorios ocupados y algunos sectores religiosos, puede poner en peligro la convivencia interna si se alinea con elementos intransigentes existentes dentro de las fuerzas armadas y trata de instaurar un rgimen pretoriano.

El texto plantea un dilema difcil de resolver: La tercera parte del libro, dedicada a Amrica Latina, comienza con el artculo sobre el conflicto violento que sacudi Argentina entre y Ciertamente, la violencia poltica no era un fenmeno nuevo en este pas. Mara Jos Moyano explica que hunda sus races inmediatas en el derrocamiento de Juan Domingo Pern por los militares en y otras en tiempos ms remotos.

Sin embargo, durante la mencionada dcada alcanz cifras de letalidad desconocidas hasta entonces. La autora deja abierta la cuestin de si se trataba o no de una verdadera guerra civil, porque haba varios movimientos violentos que actuaban en cierto modo uno al lado del otro, sin que se produjeran enfrentamientos abiertos o batallas, como reza el ttulo del artculo: Aunque, por esta pluralidad de expresiones, la violencia tena algo de confuso, Moyano afirma que s se poda observar una tendencia general.

Era la tendencia a perseguir fines polticos, sin escrpulos, a travs de mtodos violentos y a considerar al oponente poltico como un adversario que era preciso aniquilar. De acuerdo con el texto, la sociedad argentina no se ha recuperado todava de esta traumtica experiencia vivida en su pasado reciente.

Colombia, el segundo pas en la muestra latinoamericana, constituye un caso especial. Ello por varias razones. En primer lugar, porque pone de manifiesto una continuidad histrica en la aplicacin de mtodos polticos violentos sin parangn en otros pases de la regin; segundo, porque el nmero de vctimas causadas por actos violentos excede marcadamente las cifras de otras naciones; tercero, porque tambin el crculo de actores colectivos violentos es ms amplio que en otros casos prximos.

Thomas Fischer, el autor de este captulo, traza las principales lneas histricas que han llevado a la desastrosa situacin presente. Esta situacin se caracteriza por la existencia de tres ejes de conflicto: Insiste en la necesidad de unas negociaciones para alcanzar la paz, pero no parece albergar demasiadas esperanzas de que la sociedad colombiana est todava lo suficientemente preparada como para terminar con una experiencia de violencia tan arraigada y difundida.

Comparado con el caso colombiano, el panorama del Per parece algo ms prometedor. Tambin en ste ltimo pas las primeras organizaciones guerrilleras aparecieron en los aos sesenta. Sin embargo, su peso poltico y militar no era en modo alguno comparable al alcanzado luego, a partir de , por la organizacin armada Sendero Luminoso y, en menor medida, el Movimiento Revolucionario Tupac Amaru MRTA.

Segn Felipe Mansilla, esta explosin de la violencia rebelde se explica en atencin al profundo cambio social que ha tenido lugar en el pas a lo largo de los ltimos decenios. Entre sus corolarios se encuentran un desmedido crecimiento demogrfico, una urbanizacin acelerada y la distancia cada vez ms grande que separa a los ricos de los pobres.

Todo ello suscit estados mentales generalizados de descontento y frustracin en amplios sectores de la poblacin. Aunque difundida en toda la sociedad peruana, esta sensacin es particularmente fuerte en ciertas provincias desfavorecidas del altiplano, donde coincide con un viejo resentimiento contra la capital, Lima. Segn la exposicin de Mansilla, Sendero Luminoso supo explotar en beneficio propio este ambiente de rebelda latente.

Sus lemas marxistas y utopistas sirvieron para activar esperanzas milenaristas entre la poblacin indgena y mestiza. Sin embargo, en vez de liberarla de una supuesta dominacin blanca, el mencionado grupo armado la someti a un control todava mas rgido y represivo que el de las autoridades estatales. Lo cual, junto con el menosprecio que los propios dirigentes blancos de la organizacin guerrilla mostraron haca ciertas costumbres de las comunidades indgenas, hizo que en stas se llegaran a formar milicias para defenderse contra las incursiones guerrilleras en sus pequeas localidades.

Entretanto, el conflicto sangriento parece haber traspasado su punto lgido y, aunque las dos organizaciones rebeldes siguen existiendo, lo hacen ya en circunstancias muy precarias. El ltimo captulo de esta tercera parte y del libro en su conjunto se refiere a Mxico. En el mismo, ya lo hemos dicho antes, no se trata de una guerra civil en curso.

Antes bien, de si un enfrentamiento generalizado de. Introduccin 23 tal magnitud podra estallar a partir de los sucesos acaecidos en Chiapas. La respuesta que da su autor, Fernando Escalante, es que no. Desde que se form el Estado federal de Mxico, segn expone, siempre ha existido una suerte de orden de conflictos, que se explica por la heterogeneidad del pas y la debilidad del Estado. Estas dos caractersticas fundamentales daban desde el inicio una especial influencia a los intermediarios, capaces de conciliar las reclamaciones de los distintos grupos sociales y regionales de base con las exigencias del Estado central.

Si hay un rasgo nuevo a destacar ahora, consiste en que la posicin de estos intermediarios ha perdido consistencia a raz de los mltiples cambios sociales que han tenido lugar durante los ltimos decenios.

Esto trae como consecuencia que las reivindicaciones colectivas se articulen hoy con ms espontaneidad y vehemencia, siendo menos controlables que antes. Sin embargo no hay que dejarse engaar por las apariencias, pues persisten los mismos mecanismos de negociacin y bsqueda de compromisos.

Por eso, como concluye el autor, es poco probable que desde lo que califica como una desobediencia negociada se desarrolle algn conflicto sangriento generalizado, una guerra civil propiamente dicha.

Je suis la Guerre Civile, je suis la bonne guerre, celle o l'on sait pourquoi l'on tue et qui l'on tue H. Puesto que las guerras civiles son una forma especial del fenmeno general de la guerra, se debe partir en primer lugar de una definicin de sta.

Acto seguido habr que examinar hasta qu punto las guerras civiles tienen unos rasgos vlidos en general. Se mostrar que las guerras civiles dependen esencialmente en sutanscurso y estructura de la configuracin poltica de la comunidad en que se declaran.

Nuestra tesis es que con la crisis del Estado en grandes zonas del mundo, lassuerras civiles tambin han perdido su carcter clsico, ceido al modelo de la guerra internacional, para ganar una nueva cualidad o extraestatal. Esta afirmacin se explica con ms exactitud a base de dos cuestiones centrales respecto a las guerras civiles: De todo ello resulta una nueva definicin de la funcin de las guerras civiles ue las entiende ya no slo como contribucin a la formacin del Estado sino tambien como causa de transformacin- descon posiCin --ii del mismo.

Es suficiente para el objetivo de este artculo basarse por de pronto en la definicin de guerra manejada por el grupo de cientficos hamburgueses que se constituy en torno a K. Gantzel para registrar y analizar todas las guerras tras la Segunda Guerra Mundial. Son conflictos violentos de masas.

Implican a dos o ms fuerzas contendientes, de las cuales al menos una, sea un ejrcito regular u otra clase de tropas, tiene que estar al servicio del gobierno. En ambos bandos tiene que haber una mnima organizacin centralizada de la lucha y los combatientes, aunque esto no signifique ms que una defensa organizada o ataques calculados.

Las operaciones armadas se llevan a cabo planificadamente, por lo que no consisten slo en encontronazos ocasionales, ms o menos espontneos, sino que siguen una estrategia global. Las ventajas de esta delimitacin conceptual de guerra saltan a la vista. Permite al investigador deslindar netamente en el plano internacional las guerras de las meras escaramuzas fronterizas o de encontronazos armados ocasionales entre las tropas de dos Estados.

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Y es sobre todo de gran ayuda cuando se trata, en el caso de conflictos internos, de trazar una neta lnea divisoria entre, por un lado, actos violentos de duracin e intensidad menor como por ejemplo atentados terroristas aislados, un golpe de Estado, disturbios pblicos o una sublevacin espontnea y, por otro, una guerra civil.

Ahora bien, esta definicin tambin plantea problemas y dos de ellos tienen que abordarse en breve, puesto que ya anticipan dnde se encuentran las dificultades de intentar definir las guerras civiles con exactitud conceptual. Las dificultades tienen que ver ante todo con las caractersticas 1 y 2.

Por lo que se refiere a la caracterstica conflicto violento de masas, es sin duda aplicable desde un punto de vista puramente formal a la mayora de lo que en la actualidad se denomina guerra.

Pero, mirndolo mejor, llama la atencin que a menudo no pueda hablarse de un autntico enfrentamiento entre dos grandes grupos, ya que el riesgo de ser derrotado y morir se reparte de una manera extremadamente desigual entre los bandos. Como destaca M. En general se. Una segunda observacin se refiere a la exigencia de la caracterstica 2 de que al menos uno de los bandos tenga un vnculo con el gobierno.

Cmo habra que juzgar, por ejemplo, una situacin en la que las tropas gubernamentale s regulares abjuraran del gobierno y persiguieran sus propias metas politicomilitares? O una situacin en que unas milicias surgidas espontneamente de la sociedad pretendieran luchar por el Estado y el gobierno? Adase la constatacin, recurrente en muchos escenarios blicos actuales, de que con frecuencia los bandos cambian su semblante camalenicamente: Qu nivel hay que considerar, qu procedimiento seguir en el tema de la clasificacin?

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O es necesaria de entrada una diseccin que trate la respectiva dinmica total de cada conflicto? Estas preguntas son importantes no slo para la adecuada concepcin y clasificacin de las guerras particulares sino tambin porque tras ellas se halla el problema ms amplio de si las guerras civiles, como establece la definicin inicial, siempre giran necesariamente en torno a la conquista, refundacin o transformacin del gobierno y del Estado, o de si, ms bien, escapan tal vez al sistema estatal de referencias y coordenadas.

Al repasar la bibliografa existente sobre la especificidad de las guerras civiles se obtiene un resultado peculiar. Es indudable que se acostumbra a dividir las guerras en internacionales y nacionales, reconocindose las ltimas por pertenecer los bandos a un mismo Estado cuyo territorio representa el escenario blico.

Pero ms-all de esta divisin formal, contina siendo vago cul es el factor que constituyla peculiaridad delasguerras. Con todo, siempre se alude o refiere al especial ensaamiento y dureza que las distingue. Ya en Csar puede leerse que en el asedio de una ciudad enemiga arrasar los graneros y las simientes, desviar los ros y envenenar los pozos forma parte de los medios usuales para obligar a los habitantes a ceder.

Schulz califica una de las primeras guerras civiles de la modernidad, la resistencia de la poblacin de la Vende, fiel al rey y a la Iglesia, contra los jacobinos centralistas de Pars, desde hasta , de guerre l'outrance, guerra hasta el extremo. Es verdad que all se movilizaron ejrcitos regulares en ambos bandos pero al mismo tiempo se inici tras el frente una guerra de partisanos que sembr despiadadamente el terror entre la poblacin civil.

Ya entonces se emplearon todas las prfidas prcticas de la violencia que estn todava frescas en el recuerdo de la reciente guerra civil de Bosnia-Herzegovina: La guerra civil espaola de , para nombrar todava un cuarto ejemplo, presenta la misma tendencia a una cfiieldad excesi Apenas hubo prisioneros, se asesinaba inmediatamente a los enemigos atrapados tambin los desarmados y heridos ; las ejecuciones sumarias estaban al orden del da, el dinero y los bienes del enemigo, incluidos los tesoros artsticos valiosos, fueron confiscados y bienvenidos como botn de guerra.

Mientras que la muerte de los enemigos exteriores se contemplara como necesaria y aproblemtica, la violencia entre miembros de un mismo gran grupo suscitara una mayor atencin y se considerara antinatural. Este enfoque relativizador se sirve a veces de la familia como metfora. La comparacin con la familia podra no ser del todo injustificada, ya que en efecto explica no tanto la presuncin de que las luchas dentro de una misma nacin se perciben extraordinariamente duras y ensaadas, como el hecho de que realmente son as o tienen estas caractersticas.

En general hay que concluir que la cercana espacial o en determinados casos animicoespiritual de individuos ygrupos no genera necesariamente un clima de armona social sino que, al contrario, puede prestar una acritud 'especial a los conflictos entre ellos. Dos causas ms seran la asimtrica situacin de partida de tales conflictos y la implicacin existencial de todos los participantes.

Afirmar, como se ha hecho a veces, que los hombres ejercen la violencia ms fcilmente sobre aquellos que ms extraos son es, formulado as, difcilmente sostenible, como ya vio G. Simmel con claridad. Para mostrarlo con un ejemplo: Quienes conocen Irlanda del Norte indican a menudo que los protestantes comparten muchos ms rasgos caractersticos con los catlicos que con los ingleses o escoceses a los que se sienten ntimamente afines. Y, con todo, basta tina marca separadora, la confesin, junto con una tradicin histrica y una memoria asimismo diferenciadas, para que ambos grupos de poblacin se enfrenten en una enemistad irreconciliable.

Quien, por ejemplo, est bien familiarizado con el sentido del honor y deshonor de su rival, puede, al pisotear estos principios, infligirle, adems de perjuicios externos, profundas heridas anmicas. Aqu, efectivamente, se impone la analoga con determinadas disputas familiares, cuya prolongada e intencionada humillacin recproca genera un odio imborrable. Otro motivo de la tendencia propia de las guerras civiles a una especial radicalidad e inclemencia lo vemos en la asimtrica situacin de partida que acostumbra a caracterizarlas: Todos los cdigos penales del presente y del pasado prevn la posibilidad de sancionar draconianamente este tipo de desafos al rgimen.

Las lites polticas establecidas estn por completo interesadas en aplicar dichas leyes del modo ms enrgico, esto es, proceden con todos los medios a su disposicin contra los insurgentes mientras stos son todava dbiles con el fin de desarticular sus dispositivos militares y dar un escarmiento que disuada a eventuales simpatizantes.

Los rebeldes, por su parte, conscientes de su inferioridad inicial, aspiran a ganar territorio y apoyo de la manera ms rpida posible, por lo que tampoco pueden ser muy escrupulosos en sus mtodos.

La parte ms dbil en un enfrentamiento blico se siente con frecuencia poco atada a reglas restrictivas, puesto que cree tener, slo por su inferioridad, el derecho y la moral de su lado.

As se llega a aquella espiral de crecientes excesos violentos que distingue a las guerras civiles. A ello tambin contribuye en tercer lugar que las guerras civiles no son guerras de conquista en el sentido usual, en que se trata de aumentar el poder y el territorio, sino que en ellas se pone en juego la existencia de los grupos contrincantes, su identidad colectiva, en algunos casos incluso su supervivencia fisica.

Los contendientes en una guerra civil estn ms estrechamente ligados entre s que, por ejemplo, los Estados nacionales enemistados, razn por la cual, exceptuando los casos relativamente raros de secesin exitosa, tienen que llevarse bien tanto en lo bueno como en lo malo.

Esta idea no se refiere solamente a la tierra disponible sino que atae a todos los restantes bienes y recursos, personas incluidas. La eliminacin de la mayor cantidad posible de enemigos no slo rinde beneficios en la lucha sino que adems asegura tras una eventual paz una preponderancia numrica en unas elecciones.

La faceta existencial de una guerra civil aparece con ms claridad cuando uno de los bandos es empujado a actuar a la defensiva. Entre la espada y la pared, se defiende con el valor de la desesperacin, es decir, desarrolla una motivacin para la lucha frente a la cual los agresores no tienen nada que oponer. Es lgico preguntarse si en el recuento de las particularidades de las guerras civiles no se habr olvidado su rasgo ms importante, la circunstancia de que en ellas luchan ciudadanos contra ciudadanos.

A ms tardar, desde la revolucin francesa de la guerra popular, la leve en masse, es un signo permanente de casi todas las guerras modernas, una evolucin que, como ha sealado S.

Frster, desemboca casi forzosamente en la guerra total, como ocurri, por ejemplo, en las dos guerras mundiales. Recurdese, si no, la ltima guerra mundial, en que, a espaldas de las fuerzas armadas alemanas, muy avanzadas en el Este, surgi una enardecida lucha partisana.

Por otro lado, las guerras civiles no consisten nicamente en una sucesin de escaramuzas, emboscadas o acciones de tipo hit and run, sino que se dirimen tambin en batallas regulares con ejrcitos regulares. Por muchas vueltas que se le d, ni a partir del mtodo estratgico ni a partir de la organizacin e idiosincrasia principal de los bandos puede establecerse una autntica oposicin entre guerra nacional y guerra internacional.

Esto es, en cualquier caso, lo que se constata cuando se refieren ambas formas de guerra a un ltimo objetivo comn: Entre dichas condiciones podran contarse: Esto no significa que no haya habido y haya numerosas desviaciones de estos principios establecidos a partir de las guerras internacionales europeas de los siglos xvii, xviii y XIX. Sobre todo en las guerras civiles, dichos principios se han infringido de forma manifiesta. Sin embargo, la suma de todas estas infracciones no aporta todava ningn contramodelo decisivo de la accin blica si se considera la lucha por el poder del Estado como punto clave de la misma.

Pero toda la bibliografa coincide al confirmar que el partisano est altamente motivado desde un punto de vista poltico, esto es, no cabe ninguna duda respecto a su intencin de soportar su campaa militar, llena de sacrificios y privaciones, por mor de un objetivo superior que depende en definitiva de una determinada idea de Estado.

Los maestros de la guerrilla, como por ejemplo Mao Tse-Tung, siempre han destacado que sta slo es apropiada en una fase de transicin, mientras todava se est supeditado al enemigo. Por el contrario, la decisin militar definitiva que allane el camino hacia el poder tiene que producirse en batallas a campo abierto entre ejrcitos regulares,' lo que demuestra que el objetivo ltimo y el botn perseguido, el Estado como dimensin ideal y real, imprime su sello sobre los bandos y les impone sus categoras ya por anticipado.

Ahora bien, puede alegarse que el Estado nacional de cuo clsico ya ha superado su punto lgido como principio de ordenamiento poltico.

Tanto a nivel subestatal, en forma de movimientos regionales y tnicos, como a travs de asociaciones y organizaciones supranacionales, le han surgido serios rivales que cuestionan sus competencias y limitan su poder de control sobre individuos y grupos sociales.

En pases de frica, Asia y la antigua Unin Sovitica, algunos de ellos liberados desde hace slo dcadas de un largo dominio colonial, empiezan a desintegrarse unas estructuras polticas que desde el principio nunca haban alcanzado un grado de consolidacin comparable al europeo. Lo que sucede en realidad sobrepasa ms bien el Estado en su forma original, creada a partir del modelo europeo.

En el mbito militar, la amenaza nuclear ya ha reducido al absurdo la soberana estatal y la consiguiente pretensin de ofrecer al ciudadano como contrapartida a su obediencia proteccin contra los peligros exteriores, pues una guerra con bombas atmicas no puede realizarse sin el riesgo de exterminio de la propia poblacin, cosa de la que los dirigentes polticos del Este y el Oeste han sido bien conscientes durante la poca de la Guerra Fra.

Las low intensity wars 27 muestran, sin embargo, unos rasgos que, segn Van Creveld, ya no pueden entenderse como simples modificaciones del modelo de guerra clsico, referido al Estado, porque ms bien lo cuestionan en sus fundamentos. Por ejemplo, los siguientes: Ya no estn subordinados a la poltica o a la razn de Estado, sino a cualesquiera fines posibles materiales, religiosos, tnicos e incluso pueden ser un fin en s mismos. La clsica relacin entre liderazgo poltico y plana mayor militar se invierte parcialmente; los militares dictan la lgica por la que tiene que regirse la gramtica de los polticos.

Puesto que los roles y fines implicados en ella han cambiado, las normas sobre el modo en que debe hacerse la guerra, desarrolladas a partir del fin de la Guerra de los Treinta aos conforme al derecho internacional, ya no bastan. Por eso se tambalea todo el modelo tradicional de cmo llevarla a cabo. De ellas pueden extraerse, creemos, tres conclusiones: En primer lugar, dejar firmemente establecido que no existe el o slo un prototipo de guerra civil, sino que el concepto abarca un amplio espectro de posibles formas y estilos.

Sobre todo, debemos guardarnos, si no queremos ignorar las tendencias ms innovadoras, de considerar guerras civiles nicamente aquellas acciones blicas referidas al Estado o gobierno. Ms bien, el concepto abarca desde el ejemplo clsico de guerra civil, que, protagonizada en origen por ejrcitos regulares, se aproxima en gran medida al modelo de las guerras internacionales, hasta conflictos colectivos sin referencia directa reconocible con el Estado, conflictos en los que aparecen nuevas formas de ordenamiento social y poltico.

En segundo lugar, viendo la evolucin de las guerras civiles en los pasados ciento cincuenta aos puede identificarse una clara tendencia. Mientras el Estado nacional era el principio indiscutido de organizacin poltica, los bandos enfrentados seguan bsicamente el modelo de las guerras internacionales. Por ejemplo, en la guerra civil norteamericana ambas par-.

Pero al socavarse subrepticiamente la autoridad del Estado nacional en las pasadas dcadas, tambin el modelo clsico de guerra internacional que le corresponda ha decado y en su lugar se ensayan nuevas formas de poder colectivo tangenciales o totalmente exteriores a la esfera de influencia estatal.

Podra hablarse de una inversin de la relacin tradicional entre conflictos internacionales y nacionales, dado que son estos ltimos los que cada vez inciden ms en el espacio internacional.

Como resultado de todo lo anterior y respecto al procedimiento a seguir a continuacin, parece ocioso pergear una definicin terminante, una frmula convincente que incluya todas las formas pensables de guerra civil. Sobre todo teniendo en cuenta que no es nuestro deseo aportar una panormica cuantitativa sobre el nmero y extensin de las guerras civiles pasadas y presentes sino esclarecer el fenmeno en su estructura esencial Al relativizar el criterio de la referencia al Estado o gobierno, somos plenamente conscientes del peligro de hacer demasiado extensivo el espectro de los fenmenos que pueden calificarse de guerra civil.

Pero nos parece todava mayor el riesgo de pasar por alto, a causa de una concepcin demasiado limitada del concepto, cualquier nueva evolucin que insine una subversin profunda de los conflictos polticos violentos. Tales subversiones deben observarse en dos mbitos: En la bibliografa sobre el tema, la ausencia de reglas de las guerras civiles es opuesta generalmente a una cierta regulabilidad de las guerras internacionales.

El argumento es que, mientras durante siglos se ha podido abordar parcialmente los episodios blicos internacionales, las guerras civiles no conocen ninguna limitacin y se llevan hasta el extremo. Ha habido guerras exteriores en que se han despreciado incluso los ms elementales principios humanitarios, y, viceversa, guerras civiles en las cuales estos se han respetado al menos en parte.

Sin embargo, es cierto que hay un desnivel entre guerra internacional y guerra nacional en cuanto al respeto por alguna clase de regla. Este desnivel se acenta, adems, si examinamos los conflictos ms recientes, los cuales trascienden la estricta esfera del Estado tanto en el sentido tico-moral como en el estratgico-militar. La delimitacin normativa del hecho blico desde el punto de vista ticomoral es sobre todo obra del derecho internacional. Dicho canon concernira entre otros a heridos, prisioneros de guerra y poblacin civil; asimismo declarara tab determinados medios por ejemplo, el uso de gas venenoso.

Pero es indudable que estas reglas restrictivas slo se aplican en las guerras grandes, las internacionales, mientras que la guerra pequea, la interior, transcurre en un espacio no sujeto a derecho.

Quien se alza contra el propio gobierno puede contar, en el mejor de los casos, con ser tildado de criminal poltico y sometido al derecho penal vigente, derecho que por lo general ya penaliza las actividades conspirativas en tanto que anticipos de alzamientos ms violentos.

Pero lo ms probable es que se le arrebate tras la proclamacin del estado de sitio toda proteccin legal, esto es, que se le coloque hors la loi, de manera que se permita cualquier procedimiento represivo contra l. Pero estos esfuerzos slo tuvieron xito en el caso de las llamadas guerras de liberacin anticolonialista, las cuales una concesin a la potente fraccin de los pases subdesarrollados ya fueron tratadas, anticipando el resultado esperable, como conflictos internacionales.

Por el contrario, los mismos pases del Tercer Mundo se negaron enrgicamente a limitar en su interior, a causa del mandato de respetar unos ciertos derechos humanos fundamentales, su recin lograda soberana.

Los enfrentamientos blicos de, por ejemplo, Liberia, Somalia, Colombia o Afganistn presentan una dinmica propia que revienta cualquier regla y aleja a estos pases cada vez ms de la nocin occidental de una guerra respetuosa con unos mnimos principios ticos.

Los intentos exteriores de ejercer una influencia moderadora han aumentado algunas veces esta distancia, en lugar de disminuirla. El desprecio de las normas del derecho internacional est estrechamente relacionado con el abandono de las reglas operacionales de la estrategia militar occidental.

Unas y otras fueron desarrolladas durante siglos por estrategas y juristas occidentales como un, por decirlo as, corpus coherente de principios de comportamiento a seguir en el caso de conflictos blicos; y unas y otras son consecuentemente desdeadas o ignoradas en. Ya se ha hablado de la guerra irregular de los partisanos o guerra de guerrillas, que, desde la exitosa resistencia de la poblacin espaola contra el ejrcito de ocupacin de Napolen a principios del siglo xix, ha desfilado triunfalmente por todos los continentes.

Sin embargo, desde la irregularidad de la lucha de los guerrilleros, los cuales no pueden arriesgarse, a causa de su inferioridad numrica y armamentstica, a ninguna batalla a campo abierto, a la arregularidad todava hay un paso importante. Tericos y prcticos de la guerra de guerrillas han remarcado siempre que sta slo puede tener xito si se respetan algunos principios bsicos. Quizs algn que otro de estos principios pueda haberse seguido en las guerras internas que actualmente hacen estragos en algunos pases de frica y Asia pero todos los informes competentes transmiten la impresin de una reiterada y masiva abolicin de cualquier regla.

La fuerza fsica se ejerce contra heridos y prisioneros igual que contra mujeres, nios y ancianos desarmados. Torturas, maltratos de todo tipo, expulsiones y fusilamientos masivos son procedimientos habituales.

La violencia desencadenada no tropieza con ninguna barrera, slo encuentra su tope en el agotamiento de sus autores o en la contraviolencia del rival. Elwert ha llamado a estos escenarios blicos actuales espacios de violencia abierta, esto es, espacios en los que la sola violencia dicta los acontecimientos, siguiendo en todo caso rutinas adquiridas, pero en absoluto coartada por ningn cdigo de reglas? Ahora bien, se podra objetar que ser testigos de la liquidacin paulatina de un canon de reglas ya reconocido nos confunde forzosamente y nos ciega ante nuevas normas y estructuras que estaran formndose en medio de la aparente anarqua.

Ninguna guerra, ni la ms salvaje y brutal, puede hacerse sin seguir ciertas convenciones, las cuales, se comprende, no tienen necesariamente que constar por escrito. Por ejemplo, en la Edad Media cada guerra, cada querella tena que legitimarse como respuesta a una violacin del derecho. En la Edad Moderna los derechos humanos provenientes de la ilustracin adoptaran un papel comparable. Slo por la existencia de unas normas informales de este tipo se explica que, por ejemplo, en los disturbios internos de Amri-.

Pero segn todo lo que actualmente se sabe de aquellos escenarios blicos, esta expectativa queda todava en un futuro lejano. Lo que hoy en da predomina es la tendencia a la descomposicin y a la destruccin sin lmites, el principio del anything goes como mtodo de guerra.

Esta tendencia es tanto ms funesta por el hecho de que invita, e incluso obliga formalmente, a la imitacin, tal como afirman algunos tericos de lo militar. Schmitt cita el dicho de que a los partisanos slo puede combatrseles al modo partisano. Por ejemplo, el ltimo rgimen militar argentino crea que slo podra vencer a sus adversarios, los movimientos guerrilleros, aventajndolos en arbitrariedad, opacidad y crueldad de procedimientos.

Schmtepnrazcosuteiplhcho de que en general se crea que reconoci una ley importante de la guerra induce a esperar que en un futuro cercano proseguir la desregulacin de los conflictos violentos antes que su restriccin. El imaginario punto final de esta evolucin sera una guerra anmica, esto es, una guerra en que nada fuera seguro: En el caos semntico que un conflicto tal desencadenara, la nica prueba irrefutable del estado de guerra sera para todos sus participantes y afectados la prctica continua de la violencia.

Simmel y L. Coser, un mnimo acuerdo, as como un cierto entendimiento entre las partes del conflicto o de la guerra. Que sea posible comprenderlos de alguna manera, aunque slo sea limitada, es debido sobre todo a que los caudillos y sus squitos armados saben de antemano, o lo aprenden rpidamente, por qu vale la pena hacer la guerra.

El punto de partida de nuestras consideraciones era, repitmoslo, las relaciones clsicas, que Creveld caracteriza como un esquema trinitario. La cpula del Estado, representada durante mucho tiempo por la monarqua y despus por lites elegidas, decide, segn el inters del Estado, sobre la guerra y la paz; al ejrcito y aparato militar en su conjunto le compete llevar a trmino e imponer estas decisiones; el pueblo, finalmente, no tiene en principio nada que decir en la alta poltica y slo aparece como parte pasiva al tener que cargar con el peso principal de las guerras.

Ms tarde, despus de la Revolucin francesa, su papel cambia. Movilizado por designios nacionalistas, el pueblo se convierte en el protagonista de las guerras modernas. Al mismo tiempo, sigue soportando el principal sufrimiento de unas guerras que, en tanto que totales, se dirigen cada vez ms contra la poblacin civil. Este esquema clsico ha experimentado una sacudida fundamental debido, no en ltimo trmino, a las guerras civiles.

Sobre todo, la lnea de separacin entre soldado y civil, como ya se ha insinuado al tratar el cambio de rol del pueblo, se ha ido borrando progresivamente. El inicio de este proceso, como de muchas otras modificaciones de las estructuras militares, lo marcaron las guerras de guerrillas y partisanas, ya que a las tropas regulares les era imposible distinguir entre un civil inofensivo y un combatiente camuflado de civil.

Pero el proceso no se detuvo aqu. En las ultimsimas guerras civiles de frica o de zonas de la antigua Unin Sovitica se da un deslizamiento de simple ciudadano a combatiente ocasional, de ste a soldado regular o miliciano o guerrillero, y de ste, a su vez, a bandido o terrorista. As, en Sierra Leona hablamos del sobel, el cual lucha durante el da en las filas de un ejrcito regular y durante la noche asume el rol de rebelde soldier by day, rebel by night.

La relativizacin de tales distinciones tiene mucho que ver con el cambio de estatus y papel de los combatientes. Hasta bien entrado el siglo xix hubo una clara separacin entre la esfera de los civiles y la de los soldados.

Quien segua la carrera militar reciba una formacin bsica, tena que habituarse a la instruccin y la disciplina y aprender a luchar en formaciones cerradas. Al adiestramiento sistemtico para la guerra le corresponda un. Guerra civil: Es cierto que la lnea de separacin entre ellos se desdibuj a causa del surgimiento de la guerra popular en el siglo xix, pero su existencia no se cuestion, ya que el recluta de reemplazo se vea sometido durante su servicio militar obligatorio al mismo adiestramiento e instruccin que el aspirante a soldado profesional.

Por lo que respecta a la guerra de partisanos o de guerrillas, la otra variante de la guerra popular, tuvo como consecuencia que, desde un punto de vista puramente externo, las fronteras entre guerrillero y poblacin civil se disolvieron, pero, internamente, el guerrillero, en tanto que soldado poltico, se mantena por completo dentro de la tradicin de una tropa de lite de corte clsico.

Convertido en combatiente no por obligacin exterior sino por motivacin propia, se consideraba a s mismo maestro y gua de la gran masa al anticipar con su abnegacin las mximas de comportamiento general propias del orden social que persegua. Poco queda de esta conciencia mesinica en el combatiente predominante hoy da en los pases meridionales y orientales. Se trata sobre todo de gente joven, en su mayor parte adolescentes o incluso nios, cuyas perspectivas laborales en estos pases superpoblados son ms que turbias.

El estallido de hostilidades civiles les ofrece una inesperada oportunidad de subsistencia a la que se aferran abnegadamente. Su formacin para el oficio de la guerra se debe en su mayora a la necesidad, y la posesin de un arma les llena de un sentimiento desenfrenado de supremaca respecto a las personas indefensas. Sin duda, entre estos combatientes hay tambin jvenes motivados ante todo por la religin o l poltica, sobre todo en las regiones islmicas, pero en general parece que el uso de la violencia les sirve en primer lugar para la autoconservacin fsica y el enriquecimiento material.

Puesto que la soldada que se les paga es escasa, se dedican a merodear impunemente a la poblacin civil desarmada, sindoles indiferente si sta oficialmente pertenece al bando poltico propio o al contrario. Habituados desde pequeos a la miseria y a la muerte, no tienen ningn escrpulo en propagar a su vez la muerte y la miseria. En cuanto a los lderes, los rasgos tpicos del combatiente civil de nuestro tiempo se concentran, como en un vidrio ustorio, en la figura del warlord.

Con todo, hay que guardarse de una generalizacin precipitada. Ya la sola situacin en Afganistn ejemplifica que hay barones de la guerra muy diferentes: Primero, los warlords slo pueden poner pie all donde las estructuras estatales son tan quebradizas que se produce un vaco de poder reconocido generalmente. Este caso es ms raro en los pases latinoamericanos, existentes desde hace tiempo, que en frica o partes de Asia; ms improbable en las zonas de influencia de las metrpolis que en las interiores, menos abiertas.

En parte los warlords llenan las lagunas de poder al asumir a bajo nivel unas funciones similares a las del Estado. Segundo, el warlord surge de la guerra y vive de la guerra, esto es, las guerras, desde su punto de vista, no son ningn medio para un fin especfico sino que son un fin en s mismas.

Haciendo la guerra afirma su posicin dirigente, conserva el poder militar sobre el que se apoya, y controla y protege a la poblacin, de cuyas contribuciones, en parte voluntarias en parte involuntarias, depende.

Con frecuencia el warlord es a la vez empresario, general y lder poltico. Trae a la memoria al prncipe europeo de los comienzos de la modernidad, el cual, tal como lo caracteriza C.

Tilly," consolidaba su seoro mediante proteccin y extorsin. De ello resulta, y ste sera el tercer punto, que los warlords no estn interesados seriamente en la paz sino que, al contrario, necesitan prolongar el estado de inseguridad y de guerra. En este objetivo estn todos completamente de acuerdo, por mucho que en lo dems guerreen del modo ms violento. Hablan la misma lengua y pueden entenderse fcilmente en las cuestiones centrales. Podra decirse que los warlords son expertos en alargar las guerras civiles, puesto que rehyen las decisiones definitivas y siempre encuentran un motivo para seguir luchando.

En parte, la causa podra ser que sus recursos militares no bastan para hacerse con el aparato central del Estado, firmemente anclado en estructuras burocrticas. Pero aunque esto les fuera en principio posible, ms bien haran caso omiso o se apoderaran del Estado para saquearlo, es decir, para debilitarlo, en lugar de utilizarlo para dar fuerza a sus ansias de poder.

Resumiendo todas estas observaciones, en la figura del warlord encuentran una plasmacin cuasi institucional los rasgos y tendencias que diferencian a las ltimas guerras civiles de sus predecesoras o guerras internacionales.

Mientras estas ltimas se dirigan a la toma y transformacin del. Despus de la Segunda Guerra Mundial las guerras civiles estallaron sobre todo en aquellos pases que formalmente estaban organizados como Estados pero cuyo poder poltico central era incapaz de someter a control duradero las fuerzas sociales y consiguientemente de prohibirles que se tomasen la justicia por su mano. No hay fronteras estatales all donde, no habiendo tampoco ningn territorio nacional, ni tan siquiera por su forma externa existe un Estado, razn por la cual est de ms diferenciar entre guerras nacionales y guerras internacionales.

As de inseparablemente unida est la guerra civil moderna al ascenso y expansin mundial del Estado como principio de ordenacin del espacio poltico.

Por otro lado, donde el Estado ha triunfado definitivamente como instancia de poder poltico y ha impregnado todas las estructuras sociales, o sea, en la Europa occidental, no ha habido recientemente ninguna guerra civil. El motivo puede ser que todos los Estados de la Europa occidental tienen constituciones democrticas que posibilitan un relevo pacifico del poder, de modo que la necesidad de un derrocamiento violento del gobierno resulta improcedente.

Con otras palabras: El Estado nacional europeo, que se convirti en la forma de organizacin poltica determinativa a lo ms tardar en el siglo x x, es el producto final de un proceso de seleccin y competencia que dur siglos.

Sociedades en Guerra Civil - Waldmann

Las guerras que prncipes y reyes se declararon entre s casi sin interrupcin para ampliar con ellas su territorio y su mbito de poder fueron al mismo tiempo la palanca ms importante para agilizar la consolidacin interior del Estado. Sirvieron para gravar a los ciudadanos con impuestos regulares, para propiciar la formacin de un ejrcito estable y una administracin eficiente, para impulsar la apertura de calles y canales, para fomentar la economa, etc.

Adems, los lderes absolutistas si bien supieron cmo amansar a los estamentos y grupos reacios aprendieron por su parte a veces slo despus de sangrientos conflictos a cerrar compromisos, sobre todo con una burguesa en ascenso que marcaba crecientemente la evolucin espiritual y cultural de estos Estados.

En cambio, muchos Estados del Sur y del Este son entidades nacidas hace poco. Sus fronteras no han surgido paulatinamente ni despus de guerras externas sino que son herencia de la poca colonial o del dominio de alguna gran potencia que las estableci arbitrariamente. Una excepcin parcial a esta regla la constituye Latinoamrica, donde, tras la liberacin del subcontinente del dominio colonial espaol y portugus, se produjeron mltiples en parte violentas reorganizaciones territoriales y rectificaciones de fronteras antes de que los Estados nacionales adoptaran su forma definitiva.

Lo dicho sobre las fronteras es tambin extensivo en su mayora a las organizaciones y estructuras polticas de dichos pases. Saludos amigo, a mi se me ve bien. Te dejo un tutorial amigo, https: Quizas tengas tu internet algo lento pero ahi esta! Debo leer otros comics para entender la historia de Civil war? Recibir un email con los siguientes comentarios a esta entrada. Recibir un email con cada nueva entrada. Este sitio usa Akismet para reducir el spam.

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